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martes, 1 de abril de 2014

Bella traición

Siempre supe que no serías mío.  Pero lo que nunca imaginé, ni siquiera en mis peores pesadillas, es que me traicionarías de la forma más cruel y perversa. Tu amistad era lo más importante para mí.  Me consolaba con tenerte cerca de alguna forma. Pero algo cambió en mí cuando de tus labios salieron tu confesión. Estabas enamorado de otra. Entonces entendí que tus atenciones, caricias y abrazos eran sólo muestras del cariño que existía entre nosotros como amigos y confidentes que éramos. Supe entonces que jamás permitiría que me volvieses a poner una mano encima. Tenía que protegerme a mí misma de ti, de mi deseo. Pero esa misma noche toda tu atención se centró en mí. Bajo aquella manta que nos protegía del frío invierno empezaste a acariciarme. Peinaste mi pelo, tus dedos recorrieron cada milímetro,  cada poro.Tus suaves manos acariciaron mi piel con tanta dulzura que no pude oponerme. Me dejé llevar,  me deje entera para ti. Todo en ti me hacía temblar y estremecerme en un suave placer. Todo mi ser se alteró de tal forma que mi mente se nubló. Ya no podía pensar en nada. Ya no podía centrarme en mi promesa. Toda mi atención se centró en darte todo, hacerte sentir lo que yo sentía. Te aceleraste de tal forma que dolía. Una lágrima invisible recorrió mi rostro al recordar que me estaba equivocando. Yo no debía ser tuya. No te quería. No quería nada de ti. Aparté tus manos de mí. Me giré y me encogí en tu regazo avergonzada. Me sentía sucia y manipulada, usada y vacía. No quería mirarte a la cara. Cuando todo acabó, cuando sentí como un estallido de dolor y furia agitaba mi interior, viniste a mí y me abrazaste. Me sentí confundida. ¿Acaso era cierto que me querías? Tonta de mi. Era mi premio de consolación. Eran tus palabras frías e insensibles que me decían: "Buena chica". Y te abracé por no caerme, por mantener la postura, por no derribar el poco orgullo y la poca dignidad que me quedaban. Aquella noche hiciste de mi un alma en pena, un espíritu vacío,  una sombra. Aquella noche mataste toda mi alegría. Aquella noche ahogaste mis ganas de vivir y disfrutar. Nunca sabré que es el amor, porque cerraste las puertas de mi corazón impidiendo que nadie más pudiera pasar. Esta fue tu traición.  Tu bella traición.

jueves, 26 de julio de 2012

Hoy ahogo un adios...

Hoy, en pleno verano, el cielo se torna gris, triste, para acompañar a mi corazón en un profundo lamento que  parece no tener fin. Hoy es el día en que debo decir adios a una de las personas más importantes de mi vida,  mi amigo, mi hermano. Hoy recuerdo nuestra infancia. Los veranos en la orilla de nuestro río cazando cangrejos. Las noches en las que me contabas historias de terror para no dejarme dormir. Las mañanas que llegabas a mi casa temprano, casi aun de madrugada, te acostabas junto a mi madre sin poder dormir. Inquieto te ibas al salón y te quedabas viendo la tele, despertándonos a todos. Entre los recuerdos vuelvo a mirar al cielo gris, más espeso, más amenazador. Parece un fiel espejo capaz de reflejar el interior del corazón. Parece que pronto empezará a llorar, gemir y lamentarse por tu pérdida. A mi ya no me quedan lágrimas que derramar. Pero esta noche, el cielo lo hará por mí. Y yo saldré a empaparme de sus lágrimas a ahogar el recuerdo de nuestro años felices. Ahora sólo pido que el tiempo y la razón actúen rápido, para que vuelvas a mi lado, para que vuelvas a ser el hermano que siempre fuiste, para protegerme de mis temores y miedos, de mis enemigos. Aun recuerdo el día que huía del amor, cómo me recogiste y me apoyaste. Y mis últimos recuerdos, más recientes, cuándo te alzabas pichichi entre los demás. Acabo de cumplir mi palabra, empapada en lágrimas de cielo te digo, no adiós, sino un hasta pronto. Porque confío en que vuelvas con los tuyos. Ya sólo me queda decirte que te quiero, y que siempre te llevaré en mi corazón esperando volver a verte. La lluvia ha convertido mi dolor en un recuerdo. No tardes en volver.

martes, 26 de junio de 2012

Amargos recuerdos

Una mañana de enero desperté envuelta en lágrimas buscando una razón que mi corazón desconocía. Intentaba comprender porque me iciste tanto daño, comprender tu mentiras, tus falsas palabras, tus besos de Judas, que se tornaron en mil cristales que me atravesaban el alma formando un millón de cicatrices, cicatrices tan profundas que tardaron en cerrarse.
Nunca imaginé que en tan poco tiempo pudieras cambiarme la vida por completo. Pasé de ser la persona más feliz del universo a ser un felpudo para la suela de tus zapatos. Dejaste tan profunda huella en mi vida que aun hoy, después de casi tres verano, me estremezco al pensar lo que llegaste a ser para mí y lo que ahora eres.
Contigo aprendí que las ilusiones rotas se pueden convertir en mil cuchillas que te atraviesan el alma lentamente, sintiendo las frías hojas de acero cortando el interior de lo más profundo de tu ser, atravesar tus venas y sentir la sangre caliente correr por tus brazos y envolviendote en un intenso paño rojizo. Contigo aprendía a no creer en nadie, ni en mi misma. Contigo aprendí a crecer a mi alrededor un muro más fuerte que el acero, inmenso, que me impide confiar en todo lo que queda fuera, e impide a los de afuera conocer lo que existe al otro lado, ver lo que realmente soy. Contigo aprendía a ser mñas fuerte y a la vez más débil. Sin tí las noches se vuelven amargas, incluso sin tener que pensar en ti, empiezo a recordar esa sensaciñon de bienestar cuando estaba a tu lado, y añoro las noches, las madrugadas, y comienzan a caer lágrimas silenciosas que mojan mi almohada.
Nada puede calmar ese dolor, excepto el hecho de pensar en los amigos que en la distancia se preocupan  tristemente al recordar lo que fui y en lo que me has convertido. Gracias a ti conocí la eterna cicatriz de la vida. Aquella que se te graba en la piel a fuego cual tatuaje el día menos pensado.
Si algún día llegáramos a cruzarnos, serás tú quien tena que agachar la cabeza, porque no apartaré mi mirada de tus ojos, para que puedas ver el daño que me provocaste. He aprendido a ir con la cabeza bien alta mientras el corazón se acelera y llora, he aprendido a mostrar lo mejor de mí, ocultando mi tristeza, mis penas y mi desconsuelo.
Hoy día, para mi esto sólo es un amargo recuerdo, pero en tu conciencia será una losa que no podrás cargar el día que te ocurra algo parecido.