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lunes, 27 de septiembre de 2010

Se acerca el fin...


Hoy es el ultimo día. Se acabó mi libertad. Pasaré otra temporada entre cuatro paredes. Sola, sin nadie con quien poder compartir nada. Una habitación fría, donde no llega los rayos del sol. Donde el silencio sólo se interrumpe cuando suena un teléfono, cuando la persona de enfrente pregunta de vez en cuando como te fue el fin de semana o si has visto la ultima película. Levantas la cabeza y contestas, para luego volver a concentrarte en tus tareas, mientras piensas en cálidas olas bañadas por el anaranjado sol del atardecer. Mientras recuerdas a viejos amigos de la distancia alzando unas copas bajo las estrellas de otras tierras lejanas. Puedes oler a sal, a risas, a una partida de cartas bañadas en fina arena. De repente una melodía interrumpe tus recuerdos. Cuelgas y te sumerges en tu mundo de cristal. Ahora ves una ciudad lejana, de altos edificios, de gente extresada. Ves una cara conocida, sonriente por haberla visitado. Un tren irrumpe su rostro, diez horas de suplicio. Volver a la rutina. Se acabó todo lo bueno, se acabó el verano, se acabaron las vacaciones...